Una de las cosas que más me gustan es viajar, aunque como a todos nos suele pasar, no viajo tanto como me gustaría, bien sea por dinero o bien por falta de tiempo. Este año aprovechando el puente de Semana Santa me fui con mi mujer a Túnez. Un país realmente sorprendente desde muchos aspectos.
Por un lado, sorprende la diferencia entre el norte y el sur. Un norte del país bastante vegetal y un sur atacado por el Sáhara. Se parece en este sentido a Tenerife, dónde el sur es árido, poco a poco poblado por hoteles e invernaderos, y un norte poblado de una vegetación sorprendente. Lo cierto, es que el norte está plagado de campos de árboles frutales, viñedos (tampoco pensemos que eso es Falcon Crest) Y donde se concentra principalmente el turismo... En definitiva, yo sinceramente, me lo esperaba bastante más árido en general.
Otro de los contrastes destacables es la estética arquitectónica, y no me refiero a las casas de estilo árabe, sino a que uno siempre tiene la sensación de que es un país a medio terminar o medio hacer (esto es como la teoría del vaso, medio lleno o medio vacío) Parece ser que en lo que respecta a las casas, es algo normal y es que sus habitantes poco a poco van haciendo las casas. No existe ese concepto que tenemos en Europa de hacerlo todo, sino que ellos cuando reunen algo de dinero, van haciendo cosas a la casa: que ahora tengo dinero para alicatar un baño, pues un baño que se alicata y el resto sigue en obras... Así hasta que años más tarde termina la construcción del hogar. En cuanto a infraestructuras, pues hay muchas en fase de realización, por lo que continuas con la idea de que todo está a medio hacer.
Finalmente, las dos cosas que más me sorprendieron fueron: la primera, la cantidad de policías que hay en todas las zonas turísticas, ya sean de paisano o de uniforme; y la segunda, el poco integrismo religioso del país, teniendo en cuenta los vecinos que tiene. Es decir, atendiendo un poco a la idea preconcebida de los países árabes y de los radicalismos, pues uno tiende casi a pensar en un país marcado por el integrismo. Sin embargo, está muy lejos de esta idea. Yo me sorprendí viendo una gran cantidad de niñas y adolescentes (más del 70% hasta los 16-17 años) sin el típico pañuelo tapando la cabeza (hiyab). También había un alto número de universitarias sin él. Es algo que tampoco importa demasiado, y más cuando uno está en su país, pero si es de agradecer porque evita tener esas ideas erróneas que muchas veces tenemos.
El país es bastante bello y limpio en las zonas turísticas, aunque muy ruidoso. De gente bastante alegre y amable, aunque también decir que los comerciantes agobian demasiado, hasta el punto casi de discutir porque no te dejan tranquilo echar un vistazo. Personalmente, hay muchas cosas que ver en Túnez y se debe dedicar al menos una semana para poderlo ver bien. Si bien cierto, hay cosas que mejor no verlas como el poblado de la película de Star Wars o las casas (cuevas) troglodítas. Pero otras tan espectaculares como el museo del Bardo o el circo romano de El Jem.
Sinceramente, me gustó y volvería para terminar de ver lo que no pude y pasar una noche en el desierto dentro de una jaima...
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